
Las empresas son como los barcos, necesitan un buen capitán para llegar a buen puerto.
Claro, que a veces, surcando los mares y océanos, se puede encontrar con terribles temporales, y grandes olas, y algún que otro iceberg... y por muy bueno que sea el capitán, necesita de la ayuda de los demás.
Y ahí está la tripulación, los oficiales de cubierta, los marineros y algún que otro pasajero... que trabajarán con energía y honestidad hasta llevar al barco a cada uno de sus destinos.
Pero, ¿y cuando llegan los piratas? Aquellos que intentarán engañar al capitán, subir al barco y quedarse con todas sus pertenencias. ¿Qué podemos hacer en este caso?
Pues al igual que en las empresas, nunca le tiendas la mano a un pirata, no son tus amigos sino tus enemigos. Huele de lejos el pescado podrido y aprende a decir no.
Firmado: El capitán de un barquito de papel